25/5/15

Un mal jefe puede hacer que huyas de un trabajo

Hoy compartimos este artículo para analizar un poco ante que clase de jefe/a tenemos en nuestros centros.

El peor de los jefes puede arruinar el mejor de los trabajos. Estos son los signos que te ayudarán a descubrir si estás ante un mal líder o ante uno tóxico del que lo mejor que puedes hacer es huir.

 Suele decirse que los empleados no dejan un trabajo, sino un jefe y según un reciente estudio de Gallup por lo menos un 50% de las personas lo ha hecho en algún momento de su vida. Y es que un mal jefe no sólo supone un freno a la progresión profesional, también incide en la personal. Tanto es así que pasamos 19,2 horas a la semana dándole vueltas al tema y sólo 13 de ellas en la oficina.

 Para evitar males mayores la mejor solución es seguir de cerca a tu jefe, evaluar su comportamiento y ver si cumple con alguno de estos signos de un mal líder:

Para él la empresa es un campo de batalla. No suelen hacerlo de forma consciente, pero la mayoría de responsables tiende a crear conflictos en algún punto, bien entre departamentos, empresas o grupos de empleados y te usan como parte de sus tropas.

Cree que ser bueno haciendo algo lo convierte en un buen líder. Hay una máxima empresarial según la cual un empleado asciende hasta el límite que marque su incompetencia. Es decir, que irá subiendo puestos hasta llegar a un punto para el que no esté cualificado y ahí se detendrá su avance. Esto ocurre porque es normal en las empresas promocionar al mejor empleado al puesto de liderazgo. ¿Necesitas un gestor de IT? Asciendes a tu mejor ingeniero y lo mismo en ventas o en cualquier sector. La realidad es que ser bueno haciendo un trabajo no cualifica para ser un buen líder y de hecho puede ser perjudicial si les vuelve demasiado exigentes.

 Su estándar es demasiado alto. Este es un error muy habitual que se puede ver en diferentes comportamientos, como ofrecer sólo feedback positivo por cosas que van más allá de lo normal o ser muy poco tolerante con los errores ajenos.

Los objetivos son siempre poco realistas. En línea con lo anterior y como complemento, también es habitual que un mal jefe confunda la motivación de un reto con establecer objetivos difícilmente alcanzables, que terminarán afectando a tu moral y tu ilusión por el trabajo.

No admite sus propios errores.Todo el mundo falla, también los jefes. Si el tuyo es incapaz de admitir sus errores puede que te esté transmitiendo que debes guardarte los tuyos, lo que supondrá una carga de estrés adicional.

 Cree llevar siempre razón. En esta misma línea, cuando el responsable tiene que tener siempre razón en todos los asuntos estará creando un entorno de trabajo hostil y coartando la comunicación.

Piensa en la empresa como una máquina. Si para tu jefe cada empelado es sólo una pieza de un engranaje y un número, será más proclive a establecer normas rígidas y a mostrarse igual de rígido en las exigencias hacia sus empleados. La consecuencia es que el trabajo puede convertirse en algo demasiado mecánico, aburrido y falto de incentivos pero lleno de estrés.

Está siempre en la oficina. Está bien que el jefe sea el primero en llegar y el último en irse... pero sólo de vez en cuando.

Confunde la disciplina con la confianza. Convertirse en un tirano es más fácil de lo que parece y sobre todo mucho más sencillo que ganarse de verdad la confianza de un grupo de trabajo. Si tu jefe no tiene claras las diferencias entre ambas, acabará convertido en un pequeño dictador y tú sufrirás las consecuencias.

 No es capaz de delegar. Un buen jefe debe saber delegar para mostrar confianza en sus empleados. Si el tuyo es incapaz no tardarás en trabajar como un funcionario, sin motivación ni pasión. Recuerda que pasas ocho horas de tu vida en la oficina ¿Es así como quieres que sean?

Piensa que siempre debes tener todas las respuestas. En el extremo contrario está quienes no sólo delegan, sino que creen que sus empleados  son como MacGyver y que deben encontrar una solución para todos los problemas y todas las preguntas y si no lo hacen son castigados.

Hace promesas que no cumple. Un jefe que promete más de lo que puede dar no es un buen jefe. Siempre existe la posibilidad de pasar por alto sus palabras con una aseveración como "todos sabemos cómo es" pero a la larga este tipo de cosas te pasará factura y condicionará tu relación con él. Además, piensa que hará lo mismo hacia sus ejecutivos y que por lo tanto tu equipo nunca cumplirá las expectativas.

Quiere que seas como él. Si tu jefe pretende que pienses como él, seas como él y trabajes como él, tiene un problema y también tú por ende. No tardarás en buscar otro puesto.

Cambia de parecer a menudo. La indecisión es un síntoma de debilidad, pero también un problema cuando aparece en el jefe, ya que añadirá una carga de estrés adicional y un sentimiento de que el trabajo que realizas no tiene un objetivo ni un uso claro.

¿Y si eres tú el jefe? Lo primero será comprobar que no tienes ninguno de estos vicios y lo siguiente observar algunos errores que te convertirán en un gran jefe para tus empleados pero no en un buen líder, como confundir respeto con caer bien a la plantilla o no ser capaz de conectar con el equipo a nivel humano o abusar del miedo al castigo en lugar de usar la motivación por poner dos ejemplos.

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