Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas

26/2/16

El presente

Queremos compartir con todos/as este artículo que consideramos de mucho interés. Publicado por Mariano de Vena Salvador


De los tiempos, el presente.
Decían unos versos de Antonio Machado: "hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora, y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos, porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde..."

Uno de los problemas fundamentales en la salud mental de la mayor parte de pacientes que acude a la consulta del psicólogo es la incapacidad de vivir el presente.
La mente humana es capaz de anticipar sucesos negativos que no han ocurrido, y que tal vez, jamás ocurrirán, y aunque ocurran probablemente no sean tan desastrosos como nuestras anticipaciones. Esos pensamientos negativos, que solamente están en la cabeza del sujeto, no suelen ser reales, están distorsionados, pero las emociones que provocan son tan reales como la vida misma y se viven con gran intensidad, creando en esa persona una gran inquietud que genera una ansiedad que hace que el presente sí que se convierta realmente en algo molesto, desagradable y negativo.
Este mecanismo de anticipación de hechos negativos, de interpretación de la información de forma sesgada distorsionando la realidad, hace que se genere uno de los trastornos más conocidos en el ámbito de la salud mental: la ansiedad.



La ansiedad en cierto grado nos resulta funcional. Es un sistema de alerta y activación ante situaciones consideradas como amenazantes que es adaptativo en muchos casos.
Nos moviliza y nos hace reaccionar bajo condiciones normales mejorando el rendimiento y la adaptación de la persona al medio. Hace que ante una amenaza afrontemos un riesgo, lo evitemos o lo neutralicemos adecuadamente. Si por ejemplo nos encontramos con un oso en medio del bosque, la ansiedad nos activará para poder hacer frente a esa situación y bien, huir si creemos que no tenemos opción de neutralizarlo, o de luchar si creemos que podemos hacer frente al animal. El problema es cuando ya no está el oso delante de nosotros y seguimos teniendo esa activación para neutralizar el problema, esa es la ansiedad. Cuando el oso sigue estando en mi cabeza como si estuviera delante de mí y nos hace vivir en constante estado de amenaza. Esta es la ansiedad patológica, la que nos hace cada día vivir la vida como una constante preocupación y no nos deja vivir el presente.

De ahí la importancia de focalizar la atención en el presente y no anticipar futuros osos. Centrarnos en lo que tenemos delante, hacer las cosas con atención y dedicación plena, como si no tuviéramos que hacer nada más después, prestar atención a los pequeños detalles de nuestro día a día, sentir, respirar, observar, percibir... y en el caso de que alguna vez nos encontremos con el oso, ya veremos cómo lo afrontamos y resolvemos la situación, pero que esa amenaza (imaginaria en la mayoría de los casos) no me impida vivir el presente con plenitud, ya que esa ansiedad me debilita en mi día a día, generando un estado cada vez peor en mi, y haciendo que si algún día realmente aparece el oso, mi estado se encuentre tan deteriorado, que entonces sí que no estaré en condiciones de afrontar el problema con eficacia.

 En el otro polo de esta línea temporal, es decir en lugar de vivir en un futuro negativo imaginado, está el vivir anclado en un pasado valorado como negativo, sumidos en una tristeza y un dolor no superados, que nos hace vivir con una actitud negativa hacia el presente, se encuentra el otro problema fundamental de la salud mental humana en el siglo XXI: La depresión.
Vivir culpabilizándonos por aquello que no hicimos o por lo que nos salió mal, o por un hecho desagradable que tuvimos que vivir... Estos pensamientos de evaluación negativos de vivencia del pasado también nos hacen dejar de prestar atención al presente. Una atención selectiva a lo negativo del pasado.

Con respecto al pasado y a la incapacidad de sentir placer en el presente también está el sesgo de la valoración idealizada del pasado. La memoria tiene un sesgo, de carácter adaptativo de valorar los recuerdos de forma más positiva de lo que se vivió y una tendencia a suavizar y olvidar lo negativo.
Haciendo referencia a otro monstruo de nuestra literatura, decía Umbral en la magistral "Mortal y Rosa", que la felicidad está en el pasado, que confiamos en ser felices porque alguna vez lo fuimos en el pasado, que el futuro es un pasado actuante, y creemos que alguna vez fuimos felices porque aquella vez creíamos asimismo haberlo sido en otro tiempo. Todo instante de felicidad es la confirmación de que tenemos un pasado. Solo la memoria goza.
Y no le faltaba razón al bueno de Umbral, afirmando tales tendencias humanas.

De ahí que el ser consciente del presente, el darnos cuenta del momento que estamos viviendo y valorarlo como bueno, como pleno, como feliz... ahí está la felicidad realmente, en el darse cuenta del momento y valorarlo como feliz en ese mismo instante. Si esa valoración se produce en el futuro, ya no estamos viviendo ese presente, entonces ya no habremos sido felices, sólo nuestra memoria lo estará siendo, con todo el sesgo que tiene en magnificar los recuerdos positivos y valorarlos de forma más meliflua de lo que realmente fueron.

Vivid el presente, no evaluéis el pasado, no anticipéis acontecimientos negativos en el futuro, y daros cuenta y valorad lo que tenéis delante en el momento de vivirlo.
¡Sed felices!
Mariano de Vena Salvador
Psicólogo Nº de Col. M-23785

25/1/16

Serge Latouche: “La gente feliz no suele consumir”

La afirmación del titular la hace este célebre pensador francés catedrático de Economía en la Universidad París-Sud y una de las voces mundiales del llamado movimiento por el “decrecimiento”. Latouche propone vivir mejor con menos y alerta de que el actual ritmo de crecimiento económico mundial es tan insostenible como el deterioro y la falta de recursos en el planeta. Su movimiento también se alínea con la ecología.

“Vivimos fagocitados por la economía de la acumulación que conlleva la frustración y querer lo que no tenemos ni necesitamos”. 


Se ha referido en muchas ocasiones a la concesión por parte de los bancos de créditos al consumo a personas sin sueldo y patrimonio siendo el inicio de la crisis económica mundial y ha asegurado tajantemente que “la gente feliz no suele consumir”. Aboga por trabajar menos y producir de forma inteligente así como repartir el empleo y cultivar más la vida.

Estas cuestiones quedaron muy bien ilustradas con el ejemplo que puso- en un colegio mayor de Pamplona, donde dio una interesante charla hace dos años, y propuso entre otras muchas cosas la sencilla idea de “producir cerca de donde se vive y de forma ecológica” para evitar lo que él mismo presencia en la localidad donde vive y es que por cualquier puesto fronterizo entre España y Francia circulen hasta 4.000 camiones a la semana “con tomates de Andalucía cruzándose con tomates holandeses”.

Con un gran sentido del humor alaba el estoicismo representado en España por Séneca:

 “No se obtiene la felicidad si no podemos limitar nuestros deseos y necesidades”.

El profesor propugna la sobriedad en la vida

El economista se basa en los hechos y las estadísticas que aluden a que “cada año hay más habitantes en el planeta a la vez que disminuyen los recursos, consumir significa producir residuos y se consumen 15 millones de hectáreas de bosque esenciales para la vida”. “Y si vivimos a este ritmo –remata-es porque África lo permite”.
El profesor Latouche, de 73 años y su movimiento “decrecentista”, que surgió en los años 70 en Francia, donde es un personaje reconocido y relevante, premiado en varias ocasiones, una de ellas con el premio europeo Amalfi de sociología y ciencias sociales, defiende “la sobriedad en la vida y la preservación de los recursos naturales antes de su agotamiento”. Desde su punto de vista no se trata de plantear una involución sino de “acoplar la velocidad de gasto de los recursos naturales con su regeneración” y ha alertado de que “si el decrecimiento que ya estamos experimentando no es controlado las consecuencias serán traumáticas”.
-tenerser.jpg
Dice que el término “decrecimiento” es un eslogan, “una bomba semántica provocada para contrarrestar la intoxicación del llamado desarrollo sostenible”, una forma de pensamiento, la sostenibilidad, que propicia pagar por todo, “por ejemplo, en el caso del trigo, obliga a pagar por los excedentes, por su almacenamiento y también hay que pagar por destruir los sobrantes”. “Deberíamos hablar de A-crecimiento”. Invita el economista a hacer una profunda reflexión sobre nuestro estilo de vida incluso sobre la exhibición de lo superfluo y el enriquecimiento desmesurado. Su voz clama por el equilibrio y el sentido común ante la total incongruencia y el delirante rumbo que ha tomado la economía mundial durante las últimas décadas.
Entre sus libros están La sociedad de la abundancia frugal, Sobrevivir al desarrollo y La hora del decrecimiento.

27/8/14

Tu estilo de vida ya ha sido diseñado (La verdadera razón detrás de trabajar más de 40 horas a la semana)

Hoy nos gustaría compartir este fantástico artículo que nos hace reflexionar sobre el trabajo la calidad de vida y donde se encuentra la verdadera felicidad.


Bajo estas condiciones de trabajo, los empleados se ven obligados a construir su vida en las tardes y durante el fin de semana. Este tipo de horario, nos fuerza a tener muy poco tiempo libre, lo cual provoca que nos inclinemos naturalmente a gastar una gran cantidad de dinero en entretenimiento y productos y servicios.

El hecho de permitirle a los empleados tener poco tiempo libre implica que la gente tenderá a pagar más por conveniencia, gratificación y cualquier otro tipo de alivio que crean que pueden comprar. Los mantiene viendo la televisión y sus comerciales. Los hace perder cualquier tipo de ambición fuera del trabajo.

Hemos sido conducidos a una cultura que ha sido diseñada para hacernos sentir cansados, hambrientos de satisfacción, dispuestos a pagar grandes sumas por obtener conveniencia y entretenimiento y lo más importante, hacernos sentir vagamente poco satisfechos con nuestras vidas para que así, continuemos queriendo las cosas que no tenemos. Compramos en exceso ya que siempre sentimos que nos falta algo.



Si quereis leer el artículo completo clic aquí